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Israel: Décadas de violación de derechos humanos apoyados por la derecha europea

Conflicto entre Israel y Palestina

Antes de abordar en profundidad el conflicto entre Israel y Palestina empezaremos por dejar claro algo que parece que a mucha gente se le ha olvidado: Hamás no es Palestina.

¿Qué es Hamás?

Hamás es un grupo político y militar palestino que nació en 1987 durante la Primera Intifada. Se originó como una extensión de la Hermandad Musulmana y comenzó como contrapeso al liderazgo laico de Al-Fatah en el movimiento palestino. A medida que pasaron los años, Hamás ha buscado adaptarse a las circunstancias y ha tratado de adoptar posturas más moderadas para ganar el apoyo del pueblo palestino.

Ismail Haniya. Líder de Hamás.
Ismail Haniya. Líder de Hamás.

Curiosamente, Israel jugó un papel en el fortalecimiento temprano de Hamás en los años 80. En un intento de debilitar a Yasser Arafat y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), Israel favoreció a grupos islamistas, incluido Hamás. Esta táctica, que sigue el principio de «el enemigo de mi enemigo es mi amigo», no es nueva en la política internacional. Un ejemplo similar es cómo Estados Unidos apoyó a ciertos grupos en Afganistán durante la Guerra Fría, lo que eventualmente llevó al surgimiento de organizaciones como Al Qaeda, responsables del atentado del 11 de septiembre.

Aunque Hamás ha intentado mostrarse a ojos de la opinión pública palestina como una organización más moderada en tiempos recientes, varias naciones lo consideran un grupo terrorista, incluyendo la Unión Europea y los EE.UU.

El Nakba y el Apartheid sistemático en Palestina.

Desde el establecimiento del Estado de Israel en 1948, bajo líderes como David Ben-Gurión y posteriormente figuras como Benjamin Netanyahu, el conflicto palestino-israelí ha estado marcado por episodios de intensa violencia y violaciones de derechos humanos. Uno de los eventos más trágicos y cruciales de este conflicto es el «Nakba», término árabe que significa «catástrofe». Este evento marca el desplazamiento forzado de alrededor de 700,000 palestinos de sus hogares y tierras, dando paso a la fundación de Israel. El recuerdo de este episodio aún persiste en la memoria colectiva palestina y es un fuerte indicador de la opresión que han enfrentado a lo largo de las décadas. Las imágenes recientes del fin de semana en Gaza sirven como un recordatorio de este conflicto, que ha tenido lugar a lo largo de más de siete décadas, y de cómo ha evolucionado con el tiempo.

A medida que el conflicto se intensificó, Israel implementó políticas discriminatorias y opresivas que han sido calificadas como una forma de apartheid. La ocupación de los Territorios Palestinos Ocupados (TPO) y las políticas discriminatorias en áreas como Cisjordania y la Franja de Gaza han fragmentado y segregado a la población palestina. Las autoridades israelíes han llevado a cabo confiscaciones masivas de tierras, demolición de viviendas, restricciones a la movilidad y la negación de derechos básicos, incluyendo el propio derecho a la vida.

Yoav Gallant. Comandante del Mando Sur de las Fuerzas de Defensa de Israel
Yoav Gallant. Comandante del Mando Sur de las Fuerzas de Defensa de Israel.

En este contexto, no podemos pasar por alto las recientes declaraciones del ministro de defensa de Israel, Yoav Gallant, quien se refirió a los habitantes de la Franja de Gaza como «animales humanos». Estas palabras, lejos de ser un desliz, reflejan una postura que ha sido evidente en las acciones y políticas de Israel hacia Palestina.

Las instituciones como arma.

La discriminación institucionalizada es palpable en la implementación de leyes como la Ley de Nacionalidad y Entrada en Israel, que pone barreras casi insuperables a la reunificación familiar para los palestinos. Adicionalmente, la promulgación y ratificación de leyes que permiten la revocación de la ciudadanía y permisos de residencia basados en vagos criterios de «deslealtad al Estado» dejan en evidencia un sesgo en contra de los palestinos.

Benjamin Netanyahu. Primer Ministro de Israel.
Benjamin Netanyahu. Primer Ministro de Israel.

El término «apartheid» no se utiliza con ligereza. Se basa en pruebas y evidencia que demuestran que Israel ha establecido un régimen que busca dominar y oprimir al pueblo palestino. Organizaciones internacionales y relatores de la ONU han señalado la existencia de un sistema que cumple con los criterios del apartheid, y aún con este reconocimiento, Israel ha mantenido una posición defensiva, respaldado por sus aliados.

Hay que recordar que gran parte de los sionistas más enfervorizados hoy en día no son judíos, sino que son todas las corrientes de derecha y extrema derecha que se reconocen en Israel y se identifican con Israel como baluarte del orden occidental en el Medio Oriente.

Asesinatos de civiles y violaciones sistemáticas de Derechos Humanos por parte de Israel.

A lo largo de los años, el conflicto ha cobrado un alto costo en vidas humanas, especialmente entre los palestinos. Durante episodios como la Segunda Intifada, Operación Plomo Fundido, Operación Pilar de Defensa y Operación Margen Protector, miles de civiles palestinos perdieron la vida. Muchos de estos ataques han sido considerados desproporcionados, y en varios casos, las fuerzas israelíes han sido acusadas de cometer crímenes de guerra.

Por ejemplo, durante la Operación Margen Protector en 2014, la ONU informó que de los más de 2.100 palestinos que murieron, al menos 1.462 eran civiles. Estos ataques, sumados a la opresión diaria y las restricciones, han agravado la situación humanitaria en lugares como la Franja de Gaza, donde el bloqueo israelí ha causado una crisis profunda.

Los asesinatos no se limitan a conflictos armados a gran escala. A menudo, durante incursiones en Cisjordania o enfrentamientos menores, civiles, incluidos niños, son víctimas de las fuerzas israelíes. La muerte de periodistas, como la corresponsal de Al Yazira en 2022, muestra la vulnerabilidad de quienes intentan documentar la situación en el terreno.

Un bloqueo total.

Más allá de los asesinatos, Israel ha implementado un sistema que niega a los palestinos derechos básicos, como el acceso a servicios de salud y educación adecuados. El bloqueo en Gaza, las demoliciones en Cisjordania, las detenciones administrativas y las restricciones de movimiento son parte de una estrategia más amplia que busca debilitar y someter al pueblo palestino.

En medio de este panorama, no se pueden olvidar episodios emblemáticos que han marcado la memoria colectiva palestina. Uno de los más recordados es la masacre de Sabra y Chatila en 1982, donde milicias cristianas libanesas, con la complicidad y supervisión de las fuerzas israelíes, asesinaron a miles de refugiados palestinos. Este hecho, aunque no fue perpetrado directamente por Israel, se llevó a cabo bajo su vigilancia y con su permiso tácito. Años más tarde, en 2009, durante la Operación Plomo Fundido, se denunció el uso de fósforo blanco por parte de Israel, una sustancia prohibida en áreas civiles y que se sospecha que puede estar volviéndose a usar.

El periodismo convertido en pura propaganda al servicio de Israel.

A lo largo de los años, ha sido evidente una tendencia preocupante en la cobertura mediática del conflicto palestino-israelí. Numerosos medios de comunicación, especialmente aquellos con fuertes lazos económicos o políticos con Israel o con la derecha o extrema derecha mediática en España, han adoptado una narrativa sesgada y sensacionalista. Estos medios, en muchas ocasiones, han minimizado o incluso justificado las acciones de Israel, presentando a las víctimas palestinas como agresores o como «daños colaterales» inevitables. Esta manipulación mediática no solo deshumaniza al pueblo palestino, sino que también perpetúa una narrativa que favorece a Israel, ocultando o tergiversando la magnitud de sus violaciones a los derechos humanos.

Tras el atentado de Hamás, la situación ha empeorado aún más con la decisión de Israel de cortar definitivamente los suministros a Gaza. Esta acción, que pone en peligro miles de vidas, ha dejado a la región en una oscuridad casi total, y la información que llega al mundo exterior es filtrada y controlada, siendo en su mayoría la que la propaganda de Israel desea que llegue a Occidente. Se teme que, en esta oscuridad, Israel cometa auténticas barbaridades, y lo más alarmante es que los medios de comunicación occidentales, al no cuestionar o investigar a fondo y apoyar pase lo que pasa al gobierno de extrema derecha de Israel, se convierten en cómplices de esta situación.

 

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