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Una opa hostil que no convence a nadie

Una opa hostil que no convence a nadie

La opa hostil lanzada por el BBVA para hacerse con el control del Banco Sabadell no está convenciendo prácticamente a nadie. Desde el momento en que se hizo pública la oferta, la operación ha despertado el recelo del Gobierno, la oposición de los principales partidos políticos y un notable escepticismo en el mercado financiero. Una opa hostil que no convence a nadie parece abocada al fracaso, pero su mero planteamiento ha reabierto el debate sobre el futuro del sector bancario español y el papel que debe jugar la banca pública.

Rechazo frontal del Gobierno y las fuerzas políticas.

El Ejecutivo ha sido contundente en su postura, rechazando de plano la decisión del BBVA tanto en las formas como en el fondo. El Gobierno considera que la operación podría tener un impacto negativo en el empleo y en la calidad de los servicios financieros ofrecidos a los ciudadanos. Desde el Ministerio de Economía se ha subrayado la necesidad de garantizar la estabilidad del sistema y la protección de los intereses de los clientes y trabajadores.

Este rechazo ha sido compartido por la práctica totalidad de las fuerzas políticas. Desde ERC, el president Pere Aragonès ha mostrado su inquietud por las consecuencias que tendría la absorción del Sabadell, una entidad con profundas raíces en Catalunya, en el tejido económico y social de la comunidad. Por su parte, el líder del PSC, Salvador Illa, ha incidido en la importancia de preservar la competencia en el sector y de evitar una excesiva concentración del poder financiero.

Incluso en el seno del PP, tradicionalmente más favorable a este tipo de operaciones, se han escuchado voces discordantes. Algunos dirigentes populares han cuestionado la idoneidad de una opa hostil que no convence a nadie en un momento en el que la economía aún se está recuperando de los efectos de la pandemia y en el que la confianza de los ciudadanos en el sistema financiero es más necesaria que nunca.

Escepticismo en el mercado y acusaciones de irregularidades.

La reacción del mercado a la oferta del BBVA ha sido, en el mejor de los casos, tibia. La Bolsa española ha acusado el impacto de la noticia con una caída próxima al 1%, lastrada por el desplome de más del 6% de las acciones del propio BBVA. En contraste, el Sabadell ha logrado recuperar terreno, lo que sugiere que los inversores no confían en el éxito de la operación.

Este escepticismo se ha visto alimentado por las acusaciones vertidas por el Banco Sabadell, que ha denunciado que el BBVA ha vulnerado la normativa que regula las opas al proporcionar en la rueda de prensa datos que no figuraban en el anuncio previo de la oferta. Según la entidad catalana, esta información incompleta puede distorsionar la percepción del mercado y perjudicar los intereses de los accionistas.

Analistas y expertos coinciden en señalar que las probabilidades de que una opa hostil que no convence a nadie salga adelante son escasas. El precio ofrecido por el BBVA, que valora al Sabadell en unos 11.500 millones de euros, se antoja insuficiente para seducir a un accionariado que parece confiar en la capacidad de la entidad para crecer en solitario y que podría exigir una prima más elevada.

El debate sobre la banca pública.

Más allá de las implicaciones concretas de esta operación, la opa hostil del BBVA ha reabierto el debate sobre el papel que debe jugar la banca pública en el sistema financiero español. Algunas voces, especialmente desde la izquierda política, han defendido la necesidad de contar con una banca pública fuerte que actúe como contrapeso de las entidades privadas y que garantice el acceso al crédito de los colectivos más vulnerables.

Los defensores de esta postura argumentan que la banca pública podría actuar como un elemento estabilizador en momentos de turbulencias financieras, evitando que se repitan episodios como los vividos durante la crisis de 2008. Además, sostienen que una banca pública permitiría canalizar el ahorro hacia proyectos de interés social y medioambiental, contribuyendo a un modelo de desarrollo más sostenible y equitativo.

La postura del Banco de España.

En medio de este intenso debate, el Banco de España ha optado por mantener una posición de cautela. Si bien el organismo supervisor no se ha pronunciado directamente sobre la opa del BBVA, sí ha recordado la importancia de preservar la estabilidad financiera y de garantizar que cualquier operación corporativa se ajuste a la normativa vigente.

Desde el Banco de España se ha subrayado que la solidez del sistema financiero español es una prioridad innegociable y que se seguirá vigilando de cerca la evolución del sector para detectar y prevenir posibles riesgos sistémicos. Este mensaje de firmeza y vigilancia ha sido interpretado por algunos analistas como una señal de que el supervisor no tolerará movimientos que puedan poner en peligro la estabilidad del sistema.

Un futuro incierto.

En definitiva, el desenlace de esta opa hostil está lejos de estar claro. Mientras el BBVA mantiene su apuesta pese al rechazo generalizado, el Sabadell se muestra confiado en su capacidad para seguir creciendo en solitario. En medio de esta pugna, el Gobierno, los partidos políticos y el propio mercado mantienen una posición de escepticismo y cautela.

Lo que sí parece evidente es que, más allá del resultado final de esta operación, el debate sobre el futuro del sector bancario español y el papel de la banca pública ha llegado para quedarse. En un entorno económico marcado por la incertidumbre y los desafíos, la configuración del mapa bancario y el equilibrio entre las entidades privadas y públicas se perfilan como cuestiones clave que marcarán la agenda financiera en los próximos años.

 

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